Se cumplen 103 Años de la terrible tortura a Cayo Báez.

 


¡OH, AMÉRICA INFELIZ, QUE SOLO SABES DE TUS GRANDES VIVOS, CUANDO YA SON TUS GRANDES MUERTOS.
Federico Henríquez y Carvajal

El 25 de mayo de 1923, en la ciudad de La Vega, el poeta Fabio Fiallo presentó ante el público a una figura que encarnaba, en su propio cuerpo, el dolor de toda una nación: el patriota Cayo Báez, un humilde campesino cibaeño que había sido brutalmente torturado por las tropas norteamericanas de ocupación.



Durante los años de la intervención militar (1916–1924), Cayo Báez se enfrentó con valentía a las fuerzas invasoras. Su resistencia lo convirtió en blanco de la represión. Fue apresado y sometido a salvajes torturas con el propósito de arrancarle los nombres de sus compañeros, hombres que también se oponían a la violación de la soberanía nacional. Sin embargo, nunca cedió. Ni el dolor extremo ni la amenaza constante lograron quebrar su silencio.

Cayo Báez es un emblema de la lucha que desataron los campesinos dominicanos a partir del 1916 cuando los yanquis, por primera vez, pusieron sus botas invasoras en nuestro inalienable territorio. Cayo Báez pertenecía a un grupo de campesinos de la provincia de la Vega, de la seccional Guanábano, hoy Cayetano Germosén.

Báez con solo dieciséis años de edad formaba parte del grupo que hacia oposición al Ejercito Yanquis denominados por los estadounidenses como ¨Gavilleros,¨ palabra que es sinónimo de bandolero o rebelde, aunque algunos autores hacen referencia de que esta palabra es un derivado del termino inglés garvech que significa basura.

Estos campesinos luchaban por mantener sus tierras, principal medio de producción para ellos y su familia. No obstante, los Estados Unidos usaba el ejército interventor como aparato coercitivo para despojar de sus conucos y parcelas a los campesinos, sembrarlos de caña de azúcar y exportar el producto a precios elevadísimos en el extranjero.


Fabio Fiallo, profundamente conmovido por su historia, lo describió como “la dolorosa imagen de Cristo campesino”. No era una metáfora exagerada: el cuerpo de Cayo Báez había sido castigado de manera atroz, desde la coronilla hasta las plantas de los pies, marcando en su piel las huellas de la crueldad humana.

La famosa foto de Cayo Báez que mostró al mundo los vejámenes de los interventores, hecha por el Dr. Heriberto Pieter con la colaboración de Carlos F. Moya.

En 1920 el episodio lacerante que conmovió al país y fue dado a conocer, para deshonra de los ocupantes, en otras partes del mundo: las horribles torturas inferidas en Salcedo a un modesto campesino de nombre Ramón Leocadio Báez, mejor conocido como Cayo Báez.

Los oficiales americanos y soldados de la Guardia lo torturaron de diversas maneras…entre las torturas que le hicieron, hubo la siguiente: 

Se ponían en fogón improvisado “mochos” o sea machetes para usos del campo, y cuando los “mochos” estaban al rojo se le aplicaban en la piel a la infeliz víctima”.

A pesar de todo, sobrevivió. Vivió para contar la verdad de los abusos que sufrieron miles de dominicanos durante la ocupación. Cada cicatriz en su cuerpo era testimonio vivo de aquella violencia.

Tras ser torturado repetidamente en prisión, quedó gravemente herido, al borde de la muerte. Creyéndolo muerto, los soldados norteamericanos lo arrojaron a la orilla del río Camú, en Bonao. Pero la vida, casi milagrosamente, se aferró a él. Logró sobrevivir y permaneció mucho tiempo oculto, recuperándose en silencio.

Ya recuperado, participó junto a Fabio Fiallo en jornadas de denuncia, donde era presentado como símbolo del martirio sufrido por el pueblo dominicano. Su presencia hablaba más que cualquier discurso: él era la representación viva del sufrimiento y de la dignidad humana frente a la opresión.


NUESTROS GRANDES HÉROES, MUEREN DE HAMBRE EN LA EXTREMA POBREZA.

Portada de la Revista AHORA, julio 1972

Entre las atrocidades que padeció, Fiallo relató una especialmente brutal: los soldados calentaban machetes en un fogón improvisado hasta ponerlos al rojo vivo, y luego los aplicaban directamente sobre su cuerpo.

Casa de Cayo Báez

Cayo Báez vivió muchos años después de aquellos hechos, pero su final fue tan injusto como su sufrimiento.

Cayo Báez sentado en un mueble de palos, típicos de la epoca

Fue, hasta el final, un héroe anónimo: un hombre que enfrentó la ocupación extranjera de 1916 con una valentía silenciosa y pagó el precio más alto por defender la dignidad de su tierra.

El Viejo Cayo Báez, autor desconocido

Ultimas palabras de Nuestro Cayo Baez antes de morir olvidado y casi ciego en un campito de Bonao e ironicamente muy cerca de la Falcon Bridge.
“Yo tenia buenos trabajos, dinero doce puercos, cienta ocho gallinas, y una cosecha de frijoles que me dejaban más de veinte cargas.”
Con los ojos nublados, buscando el aliento de quienes escuchaban su narración, el viejo de cabello blanco y de hablar campesino continua.

“Ellos (Los Norteamericanos) se comieron los Puercos, y las gallinas, soltaron los Caballos y yo perdí mi Novia por que más nunca serví para nada.”
Cayo Báez falleció a los 91 años de edad en 1983, hundido en la pobreza, pero siempre le acompañó su amor a su nación.

FUENTES:

- Revista AHORA, edición, julio de 1972.

- ACENTO.

- HISTORIA DOMINICANA EN GRAFICAS.


OPINAN2 ALGO



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Reflexiones sobre la Vida y Obra del Profesor Juan Bosch.

José Reyes y la Historia del Himno Nacional Dominicano